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miércoles, 25 de noviembre de 2015

La pública

A veces los planetas se alinean y, aunque los niños sigan sin dormir, tienes un golpe de buena suerte. Eso nos pasó el lunes, cuando, tras un fin de semana dándole vueltas al tema de la guarde del Peque, decidimos llamar a la escuela infantil en la que no entró mi Chicote hace ya casi tres añitos.

Lo hicimos sin esperanza, sabiendo que teníamos un no por respuesta. Pero a veces la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida y resulta que este mes se quedaron dos plazas vacantes. Una ya se había cubierto pero quedaba otra. ¿Qué? Pues nada, que me puse los zapatos, me eché al niño a los brazos y allí que me fui. Me volví al rato con todos los papeles para rellenar en casa y entregarlos al día siguiente, cuando formalizaría la matrícula.

La guarde nueva tiene muy buena pinta. Ya la visité en la jornada de puertas abiertas de 2012. Las instalaciones son increíbles, ¡tienen hasta huerto! Y la directora es una vieja conocida. Fui al colegio con su hijo mayor, y mi hermana con el pequeño. Me ha presentado a la que va a ser la Profe de mi niño, que me ha gustado mucho. El viernes tenemos una reunión con ella, para hablar del pequeñín y que nos cuenten lo que va a hacer allí a diario. Haremos la adaptación en diciembre, los días que necesitemos.

Estoy muy nerviosa. La separación es inminente. Dicho así suena de lo más melodramático, pero es que me va a costar no verle la carita a mi bebito las veinticuatro horas del día. A pesar de eso, creo que hacemos lo correcto. Me da pena que los hermanos no hayan estado en el mismo sitio, pero sé que esta es la mejor opción. La guarde de Chicote no estaba mal, pero esta está muy bien. Conozco a la directora y a varias profesoras y me dan mucha confianza. Me pasa una cosa curiosa. Con el primer hijo tuve menos dudas, confiaba en las personas a las que se lo dejé sin dudar un momento. Ahora me cuesta más. Con el pequeño ya sé qué quiero y qué no.

No lo he dicho, pero esta guarde, escuela infantil si quieren, es pública. Nos cuesta un poco más que la privada porque pierdo las ayudas de la Comunidad. Pero nos merece la pena. No es un negocio, por mucho que busquen rentabilizarlo desde según qué Administraciones. Va a ser el primer cole de mi niño pequeño. Y, por cierto, está valla con valla con el cole de mayores del mayor.

Deséenme suerte. La Operación Vuelta al Cole empieza para todos....


sábado, 21 de noviembre de 2015

La guarde

Me queda mes y medio. Como una condena. Dentro de mes y medio vuelvo al tajo, y mi Peque de mis amores, mi bebé, mi niño pequeño, empezará la guarde. Me separaré de él seis o siete horas al día y tendrá que comer, dormir y jugar lejos de mí. De su mamá. Me empieza a doler la tripa de pensarlo.

Hace unos meses pagué la matrícula y pedí las ayudas que da la Comunidad de Madrid a los padres que llevan a sus hijos a escuelas infantiles privadas ( que es un tema que merece una entrada aparte, por cierto) en la misma guarde a la que fue mi Chicote. Como, además, está enfrente del cole, puedo dejar a mi hijo mayor los dos días que entro antes y le llevan al colegio. Así, pensaba yo, irán  juntitos y seguro que les cuesta menos.

La guarde no es nuestra preferida, pero en la pública no nos dieron plaza y el último año me dio pereza cambiar a mi hijo mayor, que ya había hecho amigos y estaba contento.

Pero algo ha cambiado. Nuestro barrio es un barrio joven, lleno de parejas con niños pequeños, de gente que pasea luciendo carrito, mochila ergonómica, triciclos, embarazo o un par de estas cosas. Y, claro, en algún lugar tienen que estar estos niños mientras sus padres trabajan. Y me he enterado de que en la clase a la que irá mi bebito hay diecinueve criaturas. El mío hace veinte. Legalmente el máximo son catorce, pero tienen dos maestras, e imagino que ahí estará la trampa. El espacio es el mismo, todos los niños y las dos maestras en una sala que no llega, según mis cálculos, a los dos metros cuadrados por niño que exige la ley. Pero ni de coña.

Y así estoy. Hecha un lío. O una mierda, según se mire. No estoy tranquila, y sé que no lo voy a estar cuando deje a Peque. Me he dado de bruces con la realidad, al final las escuelas infantiles privadas son negocios. Y en los negocios prima lo económico, claro. Sí, parece que me cuesta un poco enterarme, porque hace dos años y medio también era un negocio. Pero ahora estoy más resabiada.

El lunes voy a preguntar en las públicas, no vaya a ser que los astros se hayan alineado y quede un hueco para mi niño. E iré a hablar con la directora de la guarde del mayor, y a preguntarle claramente que dónde meten los niños.

Y, desde luego, desde aquí me quejo y exijo, ahora que estamos en precampaña electoral (alguna vez no lo estamos?) que se pare ya de privatizar la educacón infantil. Que se deje de dar subvenciones a escuelas privadas y se invierta en escuelas públicas, en las que, además de tener unas instalaciones infinitamente mejores, sabemos que no van a mercadear con nuestros pequeños.