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viernes, 11 de diciembre de 2015

El descastado

Nerviosa y con mi ya característica falta de sueño a cuestas me acerqué ayer a la guarde con el Peque, la mochila con la ropita de cambio y una bolsa llena de pañales, toallitas y accesorios varios.  Sonriendo a mi chiquitín, explicándole que mami volvería a buscarlo en un ratito y dándole muchos besos. Llamé a la puerta y, procurando no alargar el momento de la despedida, se lo dejé a su Profe y me despedí. Imaginaba que no iba a llorar, a su hermano también le pasó el primer día. Están tan despistados que casi no se dan cuenta de qué va el rollo...

A los cuarenta y cinco minutos volví a buscarlo y lo encontré sentado con otro niño, jugando con un piano. Me acerqué a él y tardó un poco en reaccionar, pero acabó echándome los brazos llorando. Con él bien cogido y cubierto de besos, su Profe me explicó que se había prodigado en sonrisas y había cogido un trocito de pan que estaba royendo, incansable. 

Hoy hemos repetido operación. Yo me sé la película, que para algo soy una madre experimentada y he pasado ya por estos lances. Imaginaba que el pequeño, al ver que se repetía la rutina del día anterior, comenzaría a hacer pucheros inconsolables cuando me fuera. Separación traumática y tres cuartos de horas muy largos, iba pensando. 

Pues nada, armada de valor he llamado a la puerta y, al ver a su Profe, mi hijo... Le ha echado los brazos! Me he despedido pero el muy traidor ni se ha girado. Qué descastado!! 

He de confesar que me he ido un poco tristona. Esperaba algo más de efusividad tras la separación. Su hermano me tuvo un curso entero con lloros matinales y escenas al dejarlo y a este no le ha costado acostumbrarse ni veinticuatro horas. Le haré el caso suficiente???

He ido a recogerlo y allí estaba, sentado con otro niño jugando a las construcciones. Cuando me he acercado ha hecho ademán de gatear en la dirección opuesta, menos mal que se ha girado riendo y me ha echado los brazos. Casi salgo corriendo a pedir hora en el psicoanalista. 

Me han dicho que ha hecho psicomotricidad, ha jugado a las construcciones y se ha echado dos amigos. Y todo en menos de una hora! 

Júzguenme pero me siento un poco mala madre. Tengo un hijo pequeño bastante poco apegado. Y, encima, me hubiese gustado un poco más, no sé, de dramatismo.... 

A ver si el lunes me echa una lagrimilla. Que yo también tengo sentimientos!! 


(PD
Al final nos nos hemos equivocado eligiendo guarde.... )

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Los principios

Chicote lleva ya una semana y un día de cole. La primera vez que entró, no derramó ni una lágrima, mi valiente. Yo casi no me lo creía, y mi cuñado estaba convencido de que en el fondo me daba pena no ver al muchacho afectado por la separación. Pero conozco a mi hijo como si lo hubiese parido (qué chiste tan fácil, perdónenme, es la falta de sueño) y las lágrimas acabaron apareciendo. El tercer día me confesó que había llorado pero muy poquito, mamá, en seguida se me pasó. A mí se me encogió el estómago. Ay, mi pequeño llorando al entrar, lejos de mi vista, sin poder consolarlo y, encima, yo presumiendo de tranquilidad delante de las otras madres.

Y llegó el viernes. Y ahí lloró. Delante de mí. Mi pequeñín. Y luego el lunes. Fin de semana por medio. Qué hecatombe. Fue El Niño que más lloró de toda la Submeseta Norte. Seguro. Agarrado a mí y pidiéndome que no le dejase. Y cómo se queda una, oiga. De buena gana le habría acompañado en sus llantos. Qué duro es ver sufrir a tu pequeño y no poder ayudarlo.

El martes nos acompañó El Padre de las Criaturas. Le explicó a Chicote, que ya había llorado un rato en casa, y me había pedido que no le llevase al colegio, por favor, que si veía a algún niño llorando tenía que hacerle el robot para que se le pasara ( es una de sus imitaciones estrella) Y ahí se plantó mi chico, a hacerle el robot a un compañero de guarde que estaba un poco triste. Ni medio pucherito.

Esta mañana, cuando llegábamos, había un pequeño sollozando a moco tendido. Mamá, -me dice Chicote- ¿le hago el robot?

Me quedan muchos baches más. Sé que habrá más lloros, algún día puntual, o alguna rachita peor. Y todavía no se va a quedar a comedor, pero todo llegará. Por no hablar de los horarios, que todavía no nos hemos hecho y andamos con unas ojeras que ni la Familia Adams. Mi hijo ha empezado una nueva etapa larga y emocionante. Todavía es muy pequeño y son muchos cambios. Para él y para mí. De repente tiene que ser autónomo, y no puedo imaginarlo comiendo solito, abriendo su zumito para la merienda del recreo o limpiándose en el váter... Lo hará, claro, pero es raro pensar que no voy a estar a su lado ni va a haber nadie que me lo cuente de primera mano. Ánimo, madres de escolares primerizos. Que los necesitamos....