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domingo, 3 de julio de 2016

Los valores


Por lo demás no hay elección/ y este mundo tal como es/ será todo tu patrimonio decía el mayor de los Goytisolo. Cuánta razón. ¿Qué podemos dejar a nuestros hijos? ¿Qué es lo más importante que les vamos a transmitir? Los valores, sin duda.

Ojalá sean buenas personas. Tengan empatía y solidaridad, se sepan poner en el lugar de los demás. Que no les acompañe la hipocresía, que tengan principios y sean fieles a ellos mismos. Que no se vendan, que tengan ideales. Que no se rindan sin haber luchado, que intenten vencer sus miedos, y que los tengan, no pasa nada por tener miedo algunas veces.

Que piensen, que tengan criterio, que estén seguros de que la educación no es un medio, sino un fin. Que quieran cambiar el mundo y tengan sentido de la justicia. Que crean en la igualdad, que no vayan a por el más débil, que le ayuden. Que no señalen al diferente y que sepan que en esta vida hay muchas cosas que merecen la pena.

Que  vayan con la verdad por delante, que no se escondan, que den la cara. Que sepan que pedir perdón es importante, pero que vale más pensar las cosas antes de hacerlas.

Me gustaría poder transmitir a mis pequeños todas estas cosas. Pero, tras ver el resultado electoral del domingo pasado, me va a costar ponerles ejemplos prácticos.

miércoles, 21 de octubre de 2015

La administración

Soy profesora. Y funcionaria. Me gusta mi trabajo. A veces, incluso me encanta. Y no es por las vacaciones. Mi porque vivamos en un estado permanente de dolce far niente mientras contemplamos a las hordas de adolescentes desde nuestra tarima. Quien se imagine que los profesores llevamos tal vidorra, que se pase por una masificada clase de cualquier instituto público madrileño, por ejemplo, y luego me cuantifique las vacaciones que crea necesarias.

Bueno, a pesar de los recortes, de lo denostada que está nuestra profesión y de las cosas que a veces hay que oír y soportar, yo estoy bastante feliz con mi trabajo. Me gusta. Creo que es vocacional. No hice una carrera orientada a la docencia, pero en tercero me di cuenta de que me gustaba enseñar. Y me licencié, hice el CAP y aprobé unas oposiciones a los 23 años. Y me puse a dar clase. Y resulta que mi trabajo me gustaba mucho, y encima me dejaba tiempo libre. Y cobraba todos los meses, que entonces no era tan raro, pero en estos tiempos es casi una suerte. 

Además no tengo jefe directo. Me paga la Consejería de Educación todos los meses, y como me mandan la nómina a casa, nadie me felicita por mis logros ni me recrimina lo que gano. 

A lo largo de mi ya casi dilatada carrera profesional he estado sin cobrar unos cuantos meses. No es porque haya faltado a mi deber, ni porque la empresa esté en suspensión de pagos. Es que decidí cogerme unos meses de excedencia en mis dos maternidades. 

Desde abril, cuando acabó mi exiguo permiso de maternidad, me hallo en situación de excelencia por cuidado de hijo menor de tres años. Desde que lo comunico, la Administración busca un sustituto que realice mis funciones y reciba un sueldo. En este caso, como yo ya estaba de permiso, siguió dando las que fueron mis clases la misma compañera que pasó a ocupar mis funciones antes del parto. 

Tras el paréntesis vacacional (demasiado largo para mucha gente, lo sé) yo he seguido de excedencia. Y nadie ha cobrado los meses de verano, claro. Pero es que la Administración no mandó a nadie a sustituirme hasta finales de septiembre. Es decir, un mes después de haber empezado las clases. Con tan mala suerte que esa persona se ha puesto enferma, y, a su vez, está de baja. Los que serán mis alumnos a partir del año que viene llevan mes y medio sin profesor. Cuatro grupos enteros que han perdido una décima parte del curso. 

¿Se imaginan a sus padres, acordándose de los míos? Porque, desde luego, si mis hijos se quedaran sin clase tanto tiempo yo me enfadaría. Y quizás no supiera con quién. De hecho, yo estoy bastante enfadada, pensando en cómo recuperaré esas semanas a final de curso, en la materia que esos chicos no van a estudiar y, sobre todo, en el hecho de que hayan pasado cinco horas semanales desde principios de septiembre mano sobre mano. O intentando sacar el móvil de la mochila, que nos conocemos. 

Y si no fuera porque mi Peque sigue sin comer y que se me va a partir el corazón cuando tenga que dejarlo en la guarde, para el instituto que me iba mañana mismo, a agradecer a mis compañeros las guardias que se habrán comido y a pedir perdón a los alumnos por estas horas perdidas. 

O, meditando un poco, quizás debería ir a la Consejería de Educación y dar cuatro gritos porque es una vergüenza que tarden tanto en mandar a alguien, sobre todo, con un sueldo que se han estado ahorrando. Luego hablamos de la educación pública. Pues eso, señores consejeros, a ver si es que ustedes estudiaron en un privado.... 

martes, 8 de septiembre de 2015

La Educación

Así, con mayúscula.  La Educación es el principio de todo, es lo fundamental que vamos a dejar a nuestros hijos, es algo tan básico que parece mentira que en este país ni siquiera tengamos consenso sobre la misma. 

Educación son muchas cosas. Se educa en casa, en el parque, en el cole y con la tele. Educamos los padres, los profesores, los abuelos y los amigos. Educamos (sobre todo) con el ejemplo y hasta cuando no queremos educar. Educamos cuando mal educamos. 

Lo de ser padres se va complicando. Al principio tienes un cachorrillo maravilloso al que hay que alimentar y proteger. Es cansado pero es fácil, todos los mamíferos vienen a hacer algo parecido. Pero luego ese animalito indefenso aprende a hablar, a pedir, a exigir. Hay que poner limítes, que trazar normas. El pequeñín se enfada, tiene rabietas, muchas veces no se comporta como nos gustaría. Incluso nos agota, no razona como un adulto y cuesta hacerle entender algunas cosas. Y otras, simplemente, no quiere entenderlas. Son pequeños pero muy listos. 

Los niños comen, juegan, duermen. No siempre tienen ganas de hacer todo esto. Hay que negociar, convencer, imponer. Hay muchas maneras de educar. 

Los niños no vienen con libro de instrucciones. Ninguna universidad te enseña a educar a tus hijos ( si me he perdido alguna que con la última reforma de Bolonia incluya un plan de estudios que verse sobre esta materia, por favor, queridos lectores, agradecería me lo comunicasen. Y ya podrían estrenar algún comentario, que no los cobro, oiga) Ningún otro padre te puede enseñar. Lo que valía ayer para un hijo quizá ya no sirva hoy para otro. 

Educar es una aventura tan larga como la vida. 

Hoy mi Chicote ha empezado el cole. Primero de Infantil, ahí es nada. Sé que mi niño ya trae algunas trazas de esa Educación de casa. Sé que sus profes (que me encantaron en la reunión) van a educarle sin remedio estos es años. No es su trabajo, es el mío, pero las maestras son así de estupendas. Cuesta no educar a veintidós niños con los que van a convivir tantas horas al día. 

Y me he dado cuenta de otra cosa. Tengo que cuidar mucho la Educación de mis pequeños. No les puedo dejar enchufados a la tele (mamá, si me pones la tele me quedo un rato tranquilito, me dice Chicote, que ya apunta maneras) ni desentenderme de ellos en el parque. Son esponjas, todo lo absorben. Y de nosotros depende el aclarado. 

martes, 19 de mayo de 2015

La campaña

Hace un rato escuchaba el final de un debate político en la radio. Justo era la parte concerniente a educación, que es la que más me mueve e interesa. Debatían dos candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes y Ángel Gabilondo. Moderaba Pepa Bueno. Aquí está entero.

Cuando he encendido la radio Cifuentes loaba las bondades de la educación pública madrileña, centrándose en el bilingüismo. El domingo leía un artículo del siempre crítico Javier Marías que iba en dirección opuesta, pero la candidata popular aseguraba que un altísimo porcentaje de escolares madrileños estudian en centros públicos bilingües y remarcaba que el 93% de los padres lleva a sus hijos a los centros escogidos en primera opción gracias al sistema del distrito único. Hablaba de la posibilidad de llevar el modelo bilingüe a la formación profesional para que los alumnos puedan estudiar "en bilingüe", que debe ser un idioma nuevo...

Gabilondo respondía que el sistema imperante en Madrid no es un sistema bilingüe, ya que una cosa es aprender inglés y otra ser bilingüe. Y que deberíamos prestar más atención a nuestro propio idioma, porque al final tendremos media generación de chavales que chapurrean dos idiomas y no hablan ninguno ni dominan un montón de conceptos.

A lo que iba yo, que me lío. Bueno les ha preguntado, muy clara: ¿Educación universal y gratuita de cero a tres años, sí o no? Ellos, obviamente, no han sido tan claros ni tan concisos. Pero ese tema me interesa tanto o más que el bilingüismo. Cifuentes, primera en contestar, ha asegurado que la Comunidad de Madrid ya hace un gran esfuerzo y ayuda a las familias a pagar ese tramo educativo que no es obligatorio.

Efectivamente, en Madrid las madres trabajadoras a jornada completa tenemos una beca de 100 a 160 euros mensuales para llevar a nuestros peques a escuelas infantiles PRIVADAS. ¿Qué quiere decir eso? Que a mí me sale más barato llevar a mis niños a guardes privadas que a la pública. Y que las
escuelas infantiles públicas, con sus excelentes instalaciones, se van vaciando poco a poco. Qué casualidad. Me parece estupendo que se paguen en función de la renta, los impuestos deben ser progresivos, pero que se den becas a empresas privadas en lugar de fomentar lo público creo que tiene un nombre. Sí, liberalismo también se puede llamar...

Gabilondo aseguraba que la educación de cero a tres años debe ser gratuita y universal y eso se va a implantar poco a poco. Mi Peque ha empezado a quejarse (no sé si se aburría o no le gustaba nada lo que escuchaba) , pero he creído escuchar como el ex Ministro subrayaba la importancia de la escolarización en esa etapa para el posterior desarrollo.

Yo no entiendo nada, de verdad. Cada vez menos. Está claro que con los horarios de trabajo que tenemos en este país necesitamos dejar a nuestros hijos, a nuestros bebés, al cuidado de alguien muchas, muchísimas horas al día. Pero, ¿es la solución meter a bebés de cinco meses en escuelas
infantiles diez horas diarias? Y quien dice bebés, dice también niños de cinco, de seis o de nueve años que pasan otras diez horas fuera de casa porque los horarios de sus padres no son compatibles con la vida familiar. O con la vida a secas.

La conciliación, de la que estamos tan necesitados, no pasa sólo por abrir guarderías. Porque al final se convierten en eso, en guarderías. Creo que conciliar es tener un horario decente, que te permita pasar tiempo con tus hijos, con tu pareja o en el sillón de tu casa leyendo un libro. Mi bebé va a cumplir seis meses y no sería capaz de separarme de él ahora. Es muy pequeño, mama a demanda y creo que necesita del contacto de su madre unos meses más.

Las escuelas infantiles son una necesidad, pero otra realidad de la que no se habla es de la racionalización de horarios, de la posibilidad de reducir la jornada laboral cuando tienes menores a tu cargo sin temor a represalias o de poder teletrabajar. ¿Tan utópico resulta?

Yo estoy muy cansada de que cuando digo que soy profesora la gente me hable de la suerte que tengo (normalmente utilizan otros términos algo más despectivos) porque tengo tres meses de vacaciones
y  trabajo muy poco (sic). Ahí la importancia que le damos a la Educación en nuestro país. 

Supongo que en este país las mujeres hemos estado muchos años atadas al ámbito doméstico, y ahora resulta casi reaccionario hablar de compatibilizar trabajo y cuidado de los hijos, porque la solución es que la madre compatibiliza y el padre sigue como siempre, y al final las mujeres tenemos que elegir. Así que, desde aquí digo, mi voto para quien sea valiente, hable de conciliación de verdad, me deje elegir a mí y a mi familia, y al resto de familias cómo queremos criar a nuestros hijos y no nos obligue a tener que quedarnos en casa o a tener que separarnos de nuestros hijos con cuatro meses.

Dicho queda.