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jueves, 28 de abril de 2016

Los piratas

Será por la pata chula de mi Peque, que sigue escayolado y de vez en cuando se señala la pierna enfadado y nos mira, imagino que preguntándose por qué tiene esa venda enorme. O lo mismo es el mayor, que de vez en cuando le da por alguna canción que escucha en algún sitio y lleva unos días cantando Piratas del Estrecho en gaditano puro, diciendo Estresho y enfadándose conmigo cuando le digo que se dice estreCHo.  Pero el caso es que tengo dos pequeños piratillas. Gamberros, ocurrentes e insomnes.

Estas últimas semanas estoy acusando el cansancio, la astenía primaveral. El fin de curso se acerca, empezamos a agobiarnos y a acumular trabajo y, con estas tardes infinitas de luz cada vez nos acostamos más tarde y dormimos menos.

Hace un año yo cuidaba full-time de mis pequeños piratas. Estaba con ellos casi todo el día, preparaba la comida, pasaba la aspiradora con menos frecuencia de lo deseable y me echaba la siesta menos rato del que me gustaría. Ahora me parece algo lejano y pretérito.

Vivo angustiada, lo reconozco, pensando si mi Peque se pondrá otra vez malo cuando lo recoja de la guarde. Si caminará bien cuando le quiten la escayola. Qué ganas tengo de que llegue el verano, se vayan los virus y nos den vacaciones. Y tengamos mucho tiempo para estar juntos, para descansar, para coger fuerzas e inmunizarnos.

Cuando volvamos en septiembre tendré a dos niños de cuatro años largos y casi dos. Dos amigos que jugaran juntos. Y se pelearán. Como hacen ahora mismo, tirando cada uno de un extremo del mismo juguete.  Mis dos piratillas.


viernes, 25 de septiembre de 2015

Los hermanos

Cuando me quedé embarazada de Chicote sabía que era un niño. Desde el primer momento estaba segura. No pensé en nombres de niña ni me imaginé por un instante con una bebita en brazos. No sé si fue instinto, porque tenía un cincuenta por ciento de posibilidades, pero cuando me lo confirmaron en la segunda ecografía sólo dije que ya lo sabía.  A ver si tengo el mismo ojo algún día con los números del euromillón.

Con Peque también tuve una certeza, pero esta vez me dije a mí misma que posiblemente estuviese equivocada y que este bebé sí podía ser chica. No tuve que esperar tanto, porque en la semana doce el ginecólogo lo vio claro, otro chavalote. Yo me puse muy contenta, un hermanito para mi niño!


Nosotras somos dos hermanas. Hay etapas en las que tres años son muchos, pero ahora es genial tener una amiga con la que compartiste infancia y que siempre ha estado ahí para jugar contigo, echarte un cable o pelearte algunas veces. 

Desde que nació mi chiquitín estaba deseando que los hermanitos hicieran cosas juntos. Los baño a la vez y Peque se vuelve literalmente loco cuando se mete al agua con su hermano y los juguetes. Los azulejos del baño lo lamentan, y a veces Chicote se enfada porque su hermano le salpica, pero lo pasan tan bien que merece la pena. 

Hace unas semana empezaron a jugar juntos. La mayoría de las veces el mayor juega y el pequeño intenta comerle los juguetes (comida no come, pero muerde las piezas del lego como si estuvieran rellenas de chocolate), así que suelen acabar enfadados. Otras veces Chicote inventa algún juego y es Peque el que debe seguir las normas. Complicado, porque tiene nueve meses, pero se entienden mejor de lo que cabría esperar. 

Ayer se construyeron una casita debajo de la mesa del comedor. Cuando acabé de fregar el hermano mayor intentaba coger en brazos al hermano pequeño, que se había quedado atascado debajo de una silla, esto es, en el recibidor de su pequeño hogar. Chicote quería sacarlo a su particular jardín, donde había instalado una valla para que no les picasen las avispas. Peque, a pesar de las lágrimas (su hermano intentaba sacarlo de debajo de una silla, y mi Chicote no es precisamente el colmo de la delicadeza) miraba todo entre asombrado y encantado de participar en el juego. 

Mis niños siempre van a ser hermanos, aunque cuando Chicote se enfade, amenace con que no va a ser su hermano nunca en la vida, y espero que sean también amigos. Ahora entiendo a mi madre (esta frase significa que me he hecho vieja irremediablemente), que cada vez que mi hermana y yo nos enfadábamos lo pasaba fatal hasta que hacíamos las paces.

Espero que estos dos hermanos siempre se tengan el uno al otro. 

lunes, 1 de junio de 2015

Los viajes

El Padre de las Criaturas viaja bastante por motivos de trabajo. Normalmente entre semana, muchas veces de lunes a viernes. Y una vez al año, un fin de semana largo a un congreso que se celebra en una ciudad europea. Este año ha tocado Berlín. Vuelve mañana, así que llevo cinco días solita con mis pequeños. Solita del todo, porque mis padres están también de viaje.

Cuando yo era una joven e ingenua adolescente muchas veces bromeaba diciendo que no me importaría ser madre soltera. La Justicia Cósmica me ha dado mi merecido en forma de viajes de trabajo de mi pareja.

Yo paso sola con mis pequeños muchas noches, pero un fin de semana completo me daba respeto. Entre semana tengo las casi cuatro horitas que Chicote va a la guarde para estar con Peque, para hacer la casa o ir a la compra. El sábado hice todo eso con dos niños. Y no fue tan mal.

Mi Chicote se ha portado como el hermano mayor que es. Ha cuidado del pequeñito y no se ha quejado (casi) por ello. Mientras yo acababa de hacer la comida él se sentaba cerca de la hamaquita o de la mantita donde juega Peque y le decía cositas cuando él se quejaba. Y funciona. Es increíble como un bebé de seis meses se vuelve loco con su hermano, lo mira, se ríe con él y grita desesperado para que le haga caso. Y a Chicote le gusta sentirse importante. Creo que pronto van a hacerse amigos.

También les he bañado juntos. Tenía muchas ganas de meterlos a la vez en la bañera. Tengo que sujetar a Peque, que no se sostiene del todo sentadito y que, además, se sobreexcita tanto cuando ve a su hermano cerca que no sé si es más peligroso que se resbale o se atragante con las olas que forma al agitar los brazos. Mientras seco al pequeño, el mayor juega un ratito solo en el agua y después me "ayuda" a preparar la cena. E incluso opina sobre lo que le preparo. Pronto empieza...

La hora de acostarlos es la más dura. Peque tiene sueño y necesita brazos y mimos, pero Chicote quiere cuentos y que me tumbe con él. Al final la hora de ir a la cama se retrasa, el pequeño se desvela y yo ceno casi a medianoche.

Pero estoy muy contenta de haber pasado estos días los tres "solitos". La próxima vez le diré al Padre de las Criaturas que se vaya a un spa en lugar de a un congreso.