Vaya semana se nochecitas toledanas llevamos. Una racha de esas que me hace sentir pavor ante la próxima vuelta al mundo laboral y pensar en cómo haré yo para trabajar, dejar y recoger niños, poner lavadoras, corregir exámenes, bajar al parque, hacer compra e intentar comer algo sin apenas dormir. De combinar pantalones y jersey o peinarme ni hablamos.
Luego cojo aire y pienso que a lo mejor no. Que quizás en algo menos de dos meses tengamos una racha mejor. Y si no la tenemos, ya sé que es eso, una racha. Que no hay mal que cien años dure. Sobre todo, porque a este ritmo no duró yo ni cien días...
De las últimas cuatro noches Chicote se ha hecho pis en la cama tres. He mirado en internet y no es raro que un niño moje las sábanas (y el pijama, la funda del colchón, y el edredón) cuando está muy cansado, o hay cambios en su vida o algo le reconcome. Parece que los celos hacia el hermano que ya acapara demasiadas atenciones tienen muchos efectos secundarios. Esta noche no he podido evitar ponerle pañal cinco meses después de habérselo quitado. Necesitaba una noche sin poner lavadoras y secadoras de madrugada y sin hermano pequeño desvelado por tanto trajín.
Mi Peque, aquel angelical bebé que dormía plácidamente tantas horas con pequeños intervalos de succión de teta materna, ha empezado a cambiar. Se mueve, se retuerce, se agita y se queja en sueños. Yo me levanto, enciendo y apago luces, me doy paseos, lo miro, le pongo el chupete. Y no duermo. Ya sé que es normal que los niños, cuando empiezan a moverse más duerman peor porque les cuesta parar la actividad incluso dormidos. Pero saberlo no me consuela. A esto hay que sumar que sigue sin comer sólidos y, claro, tiene que mamar por las noches. Porque mi leche estará supervitaminada y mineralizada pero el retoño tiene que llenar el depósito.
Así me hallo, con unas ojeras que no me hace falta maquillaje de Halloween, una mala leche a flor de piel y unos reflejos que seguro que el psicotécnico para conducir no me lo aprobaban. O sí, que en mi renovación de carné se lo dieron a un hombre de 97 años con más temblores que mi pulso en estos instantes.
A ver si me dan un respiro estos mamelucos insomnes y esta noche descansamos. O la siguiente.
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sábado, 14 de noviembre de 2015
lunes, 2 de marzo de 2015
El insomnio...
Hace dos semanas tuve otra noche mala. Muy mala. Pésima. De esas que creía ya olvidadas. Mi hijo mayor va a cumplir tres años. Desde que nació duerme mal. Le cuesta quedarse dormido y se despierta por las noches. A veces una vez, a veces ninguna y otras, ya van siendo las menos, un par o más. Pero hace dos semanas se despertó a las tres y no hubo forma de dormirle hasta las seis. A cada rato yo me iba poniendo más nerviosa y me iba quedando sin recursos. Y lo peor es que su hermano, que acaba de cumplir tres meses, se despertaría de un momento a otro y eso hacía que yo me enervase más y más.
Es terrible no dormir. Con mi segundo bebé no lo he vivido tan intensamente porque es un bendito que aguanta cinco, seis y siete horas muchas noches desde antes de hacer dos meses.
Pero con mi Chicote lo pasé mal, sobre todo cuando volví a trabajar y sonaba el despertador tras una noche casi en blanco detrás de otra. Por eso hace dos semanas me vencieron los nervios y acabé perdiendo la paciencia, levantándome de la cama a las cinco y media y poniendo una lavadora porque veía que si seguía dando vueltas con el niño al lado iba a volverme loca.
Así que, a la mañana siguiente, cuando con la luz del sol empiezas a ver las cosas más claras y no te parece tan tremendo lo que en la oscuridad era el peor de los escenarios me puse a buscar en Internet. Y encontré un blog que me enganchó. Y un montón de testimonios de madres con retoños que duermen tan mal o peor que el mío. Y recordé cuántas veces pensé cuando nació el mayor en empezar a contar yo mis historias. Y se me ocurrió un título.
Y aquí estoy. Tras una noche no tan mala.
Es terrible no dormir. Con mi segundo bebé no lo he vivido tan intensamente porque es un bendito que aguanta cinco, seis y siete horas muchas noches desde antes de hacer dos meses.
Pero con mi Chicote lo pasé mal, sobre todo cuando volví a trabajar y sonaba el despertador tras una noche casi en blanco detrás de otra. Por eso hace dos semanas me vencieron los nervios y acabé perdiendo la paciencia, levantándome de la cama a las cinco y media y poniendo una lavadora porque veía que si seguía dando vueltas con el niño al lado iba a volverme loca.
Así que, a la mañana siguiente, cuando con la luz del sol empiezas a ver las cosas más claras y no te parece tan tremendo lo que en la oscuridad era el peor de los escenarios me puse a buscar en Internet. Y encontré un blog que me enganchó. Y un montón de testimonios de madres con retoños que duermen tan mal o peor que el mío. Y recordé cuántas veces pensé cuando nació el mayor en empezar a contar yo mis historias. Y se me ocurrió un título.
Y aquí estoy. Tras una noche no tan mala.
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