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martes, 24 de marzo de 2015

La noche

Mis hijos son trasnochadores. Esto no sería un problema si la que suscribe fuese una prejubilada que comenta los (malos) hábitos de sus ya adultos vástagos. Pero es que mis retoños tienen tres meses y tres años.

Mi Peque es más llevadero, ahí le tengo, mirando fijamente la tele mientras lucha frenéticamente con el chupete casi a medianoche. Cuando me deje cogerlo un ratito sin intentar tirarse de mis brazos y se quede frito sé que dormirá seis o siete horas del tirón, así que se lo perdono.

Pero mi Chicote.... Ha estado hora y media en la cama dando vueltas hasta que se ha quedado dormido. Las once y media le han dado. No es que se mate madrugando, porque yo ahora no trabajo y duerme hasta las ocho y media, pero vamos, no son horas para un niño tan pequeño. Ni para una madre tan cansada.... He conseguido dejarlo solo en la cama después de los cuentos sin que se ponga a llorar y a llamarme con todo el chantaje emocional del que es capaz, que es mucho. Pero lo conseguí hace unas semanas, hasta entonces podía estar esa hora y media tumbada con él pensando en cuántas carreras podía haberme sacado en esas horas muertas.

Ya sé que existe un método bastante formidable para conseguir que las criaturas duerman solitas pero oye, yo no sirvo para oír llorar, qué le vamos a hacer.

Muchas veces lo pensaba, ¿tan malo será que llore? Estaba echada en la cama viendo como mi hijo mayor empezaba a moverse, intentaba contarme algo, me pedía agua o un juguete.... Y me desesperaba. Porque estaba sin cenar, porque tenía sueño o porque quería sentarme en el sofá con el Padre de las Criaturas a ver un rato la tele.

Luego, cuando se dormía, le miraba e imaginaba que en unos años echaría de menos esos momentos. Y me reiría y le diría que podía haberme sacado dos o tres carreras si en lugar de tumbarme con él esas horas las hubiera empleado estudiando. Con esos pensamientos me levantaba sin hacer ruido y le daba un besito de buenas noches.

Solo espero que cuando de verdad trasnochen y yo tampoco pueda dormir me dejen darles otro besito.


lunes, 2 de marzo de 2015

El insomnio...

Hace dos semanas tuve otra noche mala. Muy mala. Pésima. De esas que creía ya olvidadas. Mi hijo mayor va a cumplir tres años. Desde que nació duerme mal. Le cuesta quedarse dormido y se despierta por las noches. A veces una vez, a veces ninguna y otras, ya van siendo las menos, un par o más. Pero hace dos semanas se despertó a las tres y no hubo forma de dormirle hasta las seis. A cada rato yo me iba poniendo más nerviosa y me iba quedando sin recursos. Y lo peor es que su hermano, que acaba de cumplir tres meses, se despertaría de un momento a otro y eso hacía que yo me enervase más y más.

Es terrible no dormir. Con mi segundo bebé no lo he vivido tan intensamente porque es un bendito que aguanta cinco, seis y siete horas muchas noches desde antes de hacer dos meses.

Pero con mi Chicote lo pasé mal, sobre todo cuando volví a trabajar y sonaba el despertador tras una noche casi en blanco detrás de otra. Por eso hace dos semanas me vencieron los nervios y acabé perdiendo la paciencia, levantándome de la cama a las cinco y media y poniendo una lavadora porque veía que si seguía dando vueltas con el niño al lado iba a volverme loca.

Así que, a la mañana siguiente, cuando con la luz del sol empiezas a ver las cosas más claras y no te parece tan tremendo lo que en la oscuridad era el peor de los escenarios me puse a buscar en Internet. Y encontré un blog que me enganchó. Y un montón de testimonios de madres con retoños que duermen tan mal o peor que el mío. Y recordé cuántas veces pensé cuando nació el mayor en empezar a contar yo mis historias. Y se me ocurrió un título.

Y aquí estoy. Tras una noche no tan mala.